Es por todos sabido que nuestro cuerpo es eléctrico. Nuestras células,
órganos y tejidos viven por impulsos eléctricos que son capaces de
medirse y registrarse. De ahí que la ciencia ha conseguido medir los
impulsos del cerebro por medio de un encefalograma, los del corazón por
un electrocardiograma, y así en muchos otros casos.
Si nuestro cuerpo utiliza la electricidad para su funcionamiento y equilibrio, es lógico suponer que por medio de electricidad podamos estimular un órgano que tenga una deficiencia de esta. Por ejemplo, si se conoce el tipo de corriente que el hígado utiliza para su funcionamiento, usando esa misma corriente podremos estimularlo, y así con el resto de los órganos. Esto es algo que hace decenios que se sabe y se utiliza.
Ya hace años que se venden generadores de frecuencias fabricados con el fin de estimular diversos órganos para que éstos funcionen mejor. Y por medio de esos pequeños impulsos eléctricos se consigue un beneficio mucho mayor que cualquier otro tratamiento químico o natural podría conseguir.
Si nuestro cuerpo utiliza la electricidad para su funcionamiento y equilibrio, es lógico suponer que por medio de electricidad podamos estimular un órgano que tenga una deficiencia de esta. Por ejemplo, si se conoce el tipo de corriente que el hígado utiliza para su funcionamiento, usando esa misma corriente podremos estimularlo, y así con el resto de los órganos. Esto es algo que hace decenios que se sabe y se utiliza.
Ya hace años que se venden generadores de frecuencias fabricados con el fin de estimular diversos órganos para que éstos funcionen mejor. Y por medio de esos pequeños impulsos eléctricos se consigue un beneficio mucho mayor que cualquier otro tratamiento químico o natural podría conseguir.












