Más allá de las
revueltas, en concreto, de 'millennials' y de la Generación Z, que
desencadenaron el homicidio de George Floyd, existen muchos factores
yuxtapuestos que se han tejido de forma dinámica desde hace, por lo
menos, dos generaciones y que obligan a contemplar en el análisis
multidimensional la factibilidad de una balcanización de EEUU.
Con Trump o sin Trump, con o sin Biden, la dinámica demográfica de Estados Unidos exhibe los estertores del supremacismo blanco, encarnado por los WASP (White AngloSaxon Protestants) y que ha derivado en el evangelismo sionista representado por el vicepresidente Mike Pence y el pugnaz secretario de Estado y exdirector de la CIA, Mike Pompeo.












